Este blog agrupa a personas que han descubierto que la comunicación no es necesariamente oral y/escrita, y han decidido utilizar este espacio para dar rienda suelta a su imaginación
sábado, 28 de agosto de 2010
Un poco más sobre la ilusión del Second Life.
Y si el juego de Second life se pudiera aplicar como objeto de aprendizaje en las escuelas? Cómo aprenderían los niños en ese tercer entorno? Sería válido? Podríamos llevar lo contenidos programáticos y darles seguimiento desde una realidad virtual?
Dejo las interrogantes, ustedes aprovechen con las reflexiones.
Etiquetas:
aprendizaje,
aulas,
experiencia,
life,
second,
seguimiento,
tercer entorno
viernes, 27 de agosto de 2010
Motivación en línea para estudiantes: una reflexión.
No voy a agregar aquí mis propias reflexiones sobre estos vídeos: este pretende ser un sitio interactivo así que los dejo y si tienen comentarios sobre los contenidos, adelante, para eso se debaten los temas. Crecemos entre todos, construímos desde diferentes lecturas.
lunes, 23 de agosto de 2010
Y la otra cara: el peligro.
Que si la Red nos une, que si nos hace mucho más informados, que si se logra achicar la brecha digital, que si lograremos ser la sociedad del conocimiento, que si los alumnos aprenderán más o menos, que si en realidad aprenden diferente: son algunos de los temas que nos preocupan a diario a docentes y adultos en general. Nadie puede ya evitar o negar el potencial que tiene Internet, por eso, pero sin riesgo de volverse paranoico, convendría de vez en cuando y a pesar de vivir en un paìs pequeño, recordar los peligros.
domingo, 22 de agosto de 2010
¿Qué es la inteligencia colectiva?
Es una inteligencia repartida en todas partes, valorizada constantemente, coordinada en tiempo real, que conduce a una movilización efectiva de las competencias. Agregamos a nuestra definición esta idea indispensable: el fundamento y el objetivo de la inteligencia colectiva es el reconocimiento y el enriquecimiento mutuo de las personas.
Una inteligencia repartida en todas partes: tal es nuestro axioma de partida.
Nadie lo sabe todo, todo el mundo sabe algo, todo el conocimiento está en la humanidad. No existe ningún reservorio de conocimiento trascendente y el conocimiento no es otro que lo que sabe la gente. La luz del espíritu brilla incluso allí donde se trata de hacer creer que no hay inteligencia: “fracaso escolar”, “simple ejecución”, “subdesarrollo”, etcétera. El juicio global de ignorancia se torna contra el que lo emite. Si lo asalta la debilidad de pensar que alguien es ignorante, busque en qué contexto lo que él sabe se convierte en oro.
Una inteligencia valorizada constantemente: La inteligencia es repartida por todas partes, es un hecho. Pero se hace necesario ahora pasar del hecho al proyecto, pues esta inteligencia a menudo despreciada, ignorada, inutilizada, humillada no es valorada con justeza. Mientras que nos preocupamos cada vez más por evitar el despilfarro económico o ecológico, parece que se derrocha impetuosamente el recurso más precioso al rechazar tomarlo en cuenta, desarrollarlo y emplearlo dondequiera que se encuentra. Desde el boletín escolar hasta los gráficos estadísticos en las empresas, desde modos arcaicos de gestión hasta la exclusión social por el desempleo, asistimos hoy a una verdadera organización de la ignorancia de la inteligencia de las personas, a un espantoso desperdicio de experiencia, de competencias y de riqueza humana.
La coordinación en tiempo real de las inteligencias implica ajustes de comunicación que, más allá de cierto umbral cuantitativo, solo pueden basarse en tecnologías numéricas de la información. Los nuevos sistemas de comunicación deberían ofrecer a los miembros de una comunidad los medios para coordinar sus interacciones en el mismo universo virtual de conocimientos. No se trataría pues solo de concebir el mundo físico ordinario, sino también de permitir a los miembros de colectivos delimitados de interactuar dentro de un paisaje móvil de significaciones.
Acontecimientos, decisiones, acciones y personas estarían situados en los mapas dinámicos de un contexto compartido, y transformarían continuamente el universo virtual dentro del cual toman sentido. En esta perspectiva, el ciberespacio se convertiría en el espacio inestable de las interacciones entre conocimientos y conocientes de colectivos inteligentes deterritorializados.
Conducir a una movilización efectiva de las competencias. Si se quiere movilizar competencias habría que identificarlas. Y para localizarlas hay que reconocerlas en toda su diversidad. Los conocimientos oficialmente validados solo representan hoy una ínfima minoría de los que son activos. Este aspecto del reconocimiento es capital porque no tiene solo por finalidad una mejor administración de las competencias en las empresas y los colectivos en general, posee también una dimensión etico-política. En la edad del conocimiento, no reconocer al otro en su inteligencia, es negar su verdadera identidad social, es alimentar su resentimiento y su hostilidad, es sustentar la humillación, la frustración de la que nace la violencia. Sin embargo, cuando se valoriza al otro, según la gama variada de sus conocimientos se le permite identificarse de un modo nuevo y positivo, se contribuye a movilizarlo, a desarrollar en él, en cambio, sentimientos de reconocimiento que facilitarán como reacción, la implicación subjetiva de otras personas en proyectos colectivos.
El ideal de la inteligencia colectiva implica la valoración técnica, económica, jurídica y humana de una inteligencia repartida en todas partes con el fin de desencadenar una dinámica positiva del reconocimiento y de la movilización de las competencias.
(…)
La inteligencia colectiva solo comienza con la cultura y aumenta con ella.
Ciertamente, pensamos con ideas, con idiomas, con tecnologías cognitivas recibidas de una comunidad. Pero la inteligencia culturalmente informada ya no es telegrafiada o programada como la de una comejenera o la de un panal. Por transmisión, invención u olvido, el patrimonio común pasa a la responsabilidad de cada cual. La inteligencia del conjunto ya no es el resultado mecánico de actos ciegos y automáticos, pues aquí es el pensamiento de las personas lo que perpetúa, inventa y pone en movimiento el de la sociedad. … Nada es estático, pero no se trata sin embargo de desorden o de relativismo absoluto ya que los actos son coordinados y evaluados en tiempo real según un gran número de criterios, ellos mismos constantemente reevaluados en contexto
(…)
Al interactuar con diversas comunidades, los individuos que animan el Espacio del conocimiento, lejos de ser los miembros intercambiables de castas inmutables, son a la vez singulares, múltiples, nómadas y en vías de metamorfosis (o de aprendizaje, es lo mismo) permanente.
Este proyecto convoca a un nuevo humanismo que incluye y ensancha el
“conócete a ti mismo” en “aprendamos a conocernos para pensar juntos” y que generaliza el “pienso, luego existo” en “formamos una inteligencia colectiva, luego existimos como comunidad eminente”. Se pasa del cogito cartesiano al cogitamus.
Lejos de fusionar las inteligencias individuales en una especie de magma indistinto, la inteligencia colectiva es un proceso de crecimiento, de diferenciación y de reactivación mutua de las singularidades. La imagen inestable que emerge de sus competencias, de sus proyectos y de las relaciones que sus miembros mantienen en el espacio del conocimiento constituye para un colectivo un nuevo modo de identificación, abierto, vivo y positivo. Nuevas formas de democracia, mejor adaptadas a la complejidad de los problemas contemporáneos que las formas representativas clásicas, podrían entonces surgir.
(fragmentos de “Inteligencia colectiva. Por una antropología del ciberespacio” de Pierre Lèvy)
Una inteligencia repartida en todas partes: tal es nuestro axioma de partida.
Nadie lo sabe todo, todo el mundo sabe algo, todo el conocimiento está en la humanidad. No existe ningún reservorio de conocimiento trascendente y el conocimiento no es otro que lo que sabe la gente. La luz del espíritu brilla incluso allí donde se trata de hacer creer que no hay inteligencia: “fracaso escolar”, “simple ejecución”, “subdesarrollo”, etcétera. El juicio global de ignorancia se torna contra el que lo emite. Si lo asalta la debilidad de pensar que alguien es ignorante, busque en qué contexto lo que él sabe se convierte en oro.
Una inteligencia valorizada constantemente: La inteligencia es repartida por todas partes, es un hecho. Pero se hace necesario ahora pasar del hecho al proyecto, pues esta inteligencia a menudo despreciada, ignorada, inutilizada, humillada no es valorada con justeza. Mientras que nos preocupamos cada vez más por evitar el despilfarro económico o ecológico, parece que se derrocha impetuosamente el recurso más precioso al rechazar tomarlo en cuenta, desarrollarlo y emplearlo dondequiera que se encuentra. Desde el boletín escolar hasta los gráficos estadísticos en las empresas, desde modos arcaicos de gestión hasta la exclusión social por el desempleo, asistimos hoy a una verdadera organización de la ignorancia de la inteligencia de las personas, a un espantoso desperdicio de experiencia, de competencias y de riqueza humana.
La coordinación en tiempo real de las inteligencias implica ajustes de comunicación que, más allá de cierto umbral cuantitativo, solo pueden basarse en tecnologías numéricas de la información. Los nuevos sistemas de comunicación deberían ofrecer a los miembros de una comunidad los medios para coordinar sus interacciones en el mismo universo virtual de conocimientos. No se trataría pues solo de concebir el mundo físico ordinario, sino también de permitir a los miembros de colectivos delimitados de interactuar dentro de un paisaje móvil de significaciones.
Acontecimientos, decisiones, acciones y personas estarían situados en los mapas dinámicos de un contexto compartido, y transformarían continuamente el universo virtual dentro del cual toman sentido. En esta perspectiva, el ciberespacio se convertiría en el espacio inestable de las interacciones entre conocimientos y conocientes de colectivos inteligentes deterritorializados.
Conducir a una movilización efectiva de las competencias. Si se quiere movilizar competencias habría que identificarlas. Y para localizarlas hay que reconocerlas en toda su diversidad. Los conocimientos oficialmente validados solo representan hoy una ínfima minoría de los que son activos. Este aspecto del reconocimiento es capital porque no tiene solo por finalidad una mejor administración de las competencias en las empresas y los colectivos en general, posee también una dimensión etico-política. En la edad del conocimiento, no reconocer al otro en su inteligencia, es negar su verdadera identidad social, es alimentar su resentimiento y su hostilidad, es sustentar la humillación, la frustración de la que nace la violencia. Sin embargo, cuando se valoriza al otro, según la gama variada de sus conocimientos se le permite identificarse de un modo nuevo y positivo, se contribuye a movilizarlo, a desarrollar en él, en cambio, sentimientos de reconocimiento que facilitarán como reacción, la implicación subjetiva de otras personas en proyectos colectivos.
El ideal de la inteligencia colectiva implica la valoración técnica, económica, jurídica y humana de una inteligencia repartida en todas partes con el fin de desencadenar una dinámica positiva del reconocimiento y de la movilización de las competencias.
(…)
La inteligencia colectiva solo comienza con la cultura y aumenta con ella.
Ciertamente, pensamos con ideas, con idiomas, con tecnologías cognitivas recibidas de una comunidad. Pero la inteligencia culturalmente informada ya no es telegrafiada o programada como la de una comejenera o la de un panal. Por transmisión, invención u olvido, el patrimonio común pasa a la responsabilidad de cada cual. La inteligencia del conjunto ya no es el resultado mecánico de actos ciegos y automáticos, pues aquí es el pensamiento de las personas lo que perpetúa, inventa y pone en movimiento el de la sociedad. … Nada es estático, pero no se trata sin embargo de desorden o de relativismo absoluto ya que los actos son coordinados y evaluados en tiempo real según un gran número de criterios, ellos mismos constantemente reevaluados en contexto
(…)
Al interactuar con diversas comunidades, los individuos que animan el Espacio del conocimiento, lejos de ser los miembros intercambiables de castas inmutables, son a la vez singulares, múltiples, nómadas y en vías de metamorfosis (o de aprendizaje, es lo mismo) permanente.
Este proyecto convoca a un nuevo humanismo que incluye y ensancha el
“conócete a ti mismo” en “aprendamos a conocernos para pensar juntos” y que generaliza el “pienso, luego existo” en “formamos una inteligencia colectiva, luego existimos como comunidad eminente”. Se pasa del cogito cartesiano al cogitamus.
Lejos de fusionar las inteligencias individuales en una especie de magma indistinto, la inteligencia colectiva es un proceso de crecimiento, de diferenciación y de reactivación mutua de las singularidades. La imagen inestable que emerge de sus competencias, de sus proyectos y de las relaciones que sus miembros mantienen en el espacio del conocimiento constituye para un colectivo un nuevo modo de identificación, abierto, vivo y positivo. Nuevas formas de democracia, mejor adaptadas a la complejidad de los problemas contemporáneos que las formas representativas clásicas, podrían entonces surgir.
(fragmentos de “Inteligencia colectiva. Por una antropología del ciberespacio” de Pierre Lèvy)
martes, 17 de agosto de 2010
sábado, 14 de agosto de 2010
DÍA DEL NIÑO
Hoy voy a escribir sobre un tema que realmente no tiene que ver con Internet, ni fractales, ni nada que se le parezca, sino con las circunstancias de la vida.
Hace años que tenemos señalados en el calendario anual, diferentes días de índole comercial que han prendido muchísimo en el imaginario popular: el día de la madre, el del padre, el del abuelo, el del niño. No se agotan con estos ejemplos, simplemente, menciono a los más “cotizados”.
Este domingo 15 de agosto se conmemora el día del niño. Cabe preguntarse si “el día del niño” no debería ser siempre, y también hay que cuestionarse si todos los niños lo celebran, y reciben regalos por el simple hecho de ser niños. Todos sabemos que no es así. Algunos privilegiados reciben obsequios, otros, en cambio, están condenados a la mendicidad pidiendo una monedita en los semáforos, pasando frío, comiendo poco y mal y sin ninguna protección.
Hay que tener en cuenta que todos los niños,- y cuando digo todos, me refiero a la población infantil del país – tienen derecho, como está establecido, al juego, a la libertad, a una familia, a la protección adulta, a una adecuada alimentación, a disfrutar de una cultura, a un nombre a una nacionalidad, y a vivir en armonía. No se agotan los derechos en esta nómina, pero sí creo que son los más importantes.
¿Por qué anoté en primer lugar “el derecho al juego”? Porque el primer derecho que debe tener un niño es precisamente a eso, a “ser niño” y lo lúdico es una parte esencial de la infancia. Un niño feliz juega. Un niño sometido por sus padres a estar colgado o a caminar, con riesgo de vida, entre medio de los autos para llamar la atención y, de esa manera, obtener una moneda, no juega. Es un lamentable instrumento para conmover y provocar la conmiseración. Sin embargo, he observado que, muchas veces, el espectáculo reiterado de los niños pidiendo en las calles, no produce más que desagrado y molestia. La deshumanización es brutal.
¿Habrá alguna fórmula para cambiar este “mundo del revés”? Porque nada que hagamos si no está amparado por un sentimiento de solidaridad, será efectivo para mejorar la convivencia humana.
Hace años que tenemos señalados en el calendario anual, diferentes días de índole comercial que han prendido muchísimo en el imaginario popular: el día de la madre, el del padre, el del abuelo, el del niño. No se agotan con estos ejemplos, simplemente, menciono a los más “cotizados”.
Este domingo 15 de agosto se conmemora el día del niño. Cabe preguntarse si “el día del niño” no debería ser siempre, y también hay que cuestionarse si todos los niños lo celebran, y reciben regalos por el simple hecho de ser niños. Todos sabemos que no es así. Algunos privilegiados reciben obsequios, otros, en cambio, están condenados a la mendicidad pidiendo una monedita en los semáforos, pasando frío, comiendo poco y mal y sin ninguna protección.
Hay que tener en cuenta que todos los niños,- y cuando digo todos, me refiero a la población infantil del país – tienen derecho, como está establecido, al juego, a la libertad, a una familia, a la protección adulta, a una adecuada alimentación, a disfrutar de una cultura, a un nombre a una nacionalidad, y a vivir en armonía. No se agotan los derechos en esta nómina, pero sí creo que son los más importantes.
¿Por qué anoté en primer lugar “el derecho al juego”? Porque el primer derecho que debe tener un niño es precisamente a eso, a “ser niño” y lo lúdico es una parte esencial de la infancia. Un niño feliz juega. Un niño sometido por sus padres a estar colgado o a caminar, con riesgo de vida, entre medio de los autos para llamar la atención y, de esa manera, obtener una moneda, no juega. Es un lamentable instrumento para conmover y provocar la conmiseración. Sin embargo, he observado que, muchas veces, el espectáculo reiterado de los niños pidiendo en las calles, no produce más que desagrado y molestia. La deshumanización es brutal.
¿Habrá alguna fórmula para cambiar este “mundo del revés”? Porque nada que hagamos si no está amparado por un sentimiento de solidaridad, será efectivo para mejorar la convivencia humana.
jueves, 12 de agosto de 2010
Otras menudencias a considerar.
No sólo es comunicación, ni estudios, ni siquiera es sólo la sociedad del conocimiento que siempre, aunque la palabra suene irracional, atrás hay dinero. Que nosotros no fuímos concebidos para hacer sólo dinero dicen por ahí. Que negocios son negocios dicen en inglés.
Bueno y a esta altura quién no sabe que Internet deja millones.
Les dejo algo singular, muy bueno, que pueden comenzar a pensar si quieren hacer algún dinerillo extra.
Clic aquí:
http://www.enplenitud.com/negocios/paginaexitosa.asp
Bueno y a esta altura quién no sabe que Internet deja millones.
Les dejo algo singular, muy bueno, que pueden comenzar a pensar si quieren hacer algún dinerillo extra.
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Enrique Medina