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jueves, 24 de julio de 2008

¿Para qué leer?

El acto de leer es algo automático. Desde que despertamos por la mañana lo realizamos: leemos la hora que nos marca el despertador, leemos los encabezados de los diarios, leemos la correspondencia, ya en la calle leemos los carteles publicitarios, las señales de tránsito, el nombre de las calles... Es decir: permanentemente nos informamos, nos asesoramos, nos comunicamos a través del acto de leer. Y también nos recreamos mediante la lectura de una novela, o de un libro de historia, o de una bella poesía. En la vida realizamos además otras cosas en forma automática, sin plena conciencia de para qué lo hacemos: nos alimentamos, nos hidratamos, respiramos. Y aquí podemos decir que leer es para nosotros tan necesario como ese alimento que ingerimos, como el líquido que bebemos o el aire que respiramos. Es cierto: agua y oxígeno son imprescindibles; no podríamos sobrevivir, ni tener una buena calidad de vida, sin darle nutrientes a nuestro organismo.

¿Y podríamos estar, vivir, sin leer? Lamentablemente, todavía existe en este nuevo milenio del mundo gente analfabeta, que no sabe leer ni escribir, y existe, también, gente desnutrida, niños y ancianos que mueren de hambre. No leer es una forma de desnutrirnos. Las personas que no leen van empobreciéndose desde lo cognitivo, desde lo intelectual, desde lo emocional.

Los no videntes cuentan con el sistema Brayle, pero no todos pueden valerse de él. Y hay abuelos que perdieron su capacidad para reconocer las letras; niños enfermos internados; hay discapacitados mentales... Ellos accederían a la lectura con la ayuda de un amigo, de sus padres, de una enfermera. O de tantos voluntarios, que trabajan en instituciones donde “prestan sus ojos” y leen cuentos, o el diario, o poesías, a esas personas que no lo pueden hacer por sus propio medios. Leer nos alimenta, nos nutre, nuestras neuronas se estimulan, la inteligencia se desarrolla, el alma se enriquece, el corazón late con fuerza... ¡Leer nos hace más libres!

Tomado de: www.psicopedagogia.com/articulos/?articulo=342

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Enrique Medina