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viernes, 21 de enero de 2011

El más allá de Clint Easwood

Como ya lo sabemos, muchas películas- originalmente en idioma inglés-, llevan como título traducciones o adaptaciones. Esta última de Clint Eastwood no es una excepción. En inglés lleva el nombre de “Hereafter”, pero probablemente con la idea de hacerla más taquillera o guiar al espectador en la temática que se aborda, en español, lleva el nombre de “Más allá de la vida”. De la misma manera podría haber llevado el título de “Más allá de la muerte” porque de eso se trata.
El argumento se relaciona con tres personas que por distintas circunstancias han enfrentado situaciones límites de diferentes maneras: un obrero estadounidense con poderes psíquicos para recibir mensajes del mundo de los muertos, el tan controvertido “Más allá”; una periodista francesa que experimentó una “casi muerte” en un tsunami; y un niño londinense que perdió a su hermano en un accidente y que quiere volver a comunicarse con él. Es destacable que el obrero “carga” con su poder como con una maldición, no como un don.

La sutileza de Clint Eastwood se manifiesta en la forma en que lleva la narración de esta delicada trama sin caer en extravagancias. Manos menos expertas podrían haber arruinado un argumento de esta naturaleza. Pese a las críticas negativas que he leído en los periódicos, me atrevo a afirmar que la película se puede ver con interés y además permite seguir pensando en esta pregunta clave:
¿Qué hay más allá de la vida?
Cada uno de nosotros opinará o pensará de acuerdo a sus creencias o convicciones, por supuesto, sin embargo creo que es una interrogante que en algún momento de la vida nos la hemos hecho, sobre todo cuando nos hemos tenido que “desprender” de algún ser muy querido, al que nos hubiera gustado tener a nuestro lado por más tiempo.
Clint Eastwood no se planteó contestar la interrogante, tampoco sus protagonistas, por lo tanto, la respuesta queda en nebulosa.
La música es también de Clint Eastwood, y se constituye en otro estupendo acierto porque no se superpone a las imágenes y acompaña con maestría sin distraer al espectador. Por lo tanto:¡Hay que verla!



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Puerta

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Enrique Medina