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miércoles, 6 de agosto de 2008

Internet y Lectura: un curso para no olvidar.


Como mis compañeras han hecho una elocuente aclaración de este curso que tuvimos la suerte de compartir yo quiero dar algunos detalles que quizá, a la luz de la observación y del estudio en sí, parezcan meras metáforas pero:
Un curso que convoca a la lectura suele dinamizar motivaciones íntimas que nos relacionan con textos y con nosotros mismos por eso, y por la importancia que tiene la lectura en la vida de cada uno, es lindo pensar el curso desde todos lados.
Cuando la convocación cayó bajo la lupa de mis ojos, porque uso lupas no lentes, no dudé en indagar cómo me inscribía. Hace cuatro años realicé algo similar y la experiencia fue inolvidable. Si bien el curso anterior ameritaba tesina y exámenes presenciales, lo que más recordaba eran sin duda: las experiencias de lectura y el medio por el cual nos comunicábamos, o sea, la mágica Red.
Si uno piensa en inscribirse en un curso que hable de Internet y la lectura, obviamente las dos cosas le parecen maravillosas o quizá, puede ser: una, le parece formidable y la otra, le parece que no sirve a la primera. O también podría ser que la segunda, le parezca el único medio de lectura...en fin, conjeturas apartes, allí estábamos leyendo y contestando en el foro sobre nuestras experiencias de lectura para comenzar.
Cuando uno cuenta sobre las experiencias de lectura: entra en un diálogo íntimo que revela todo un contenido que se lleva adentro y que pocas veces, o nunca, nos atrevemos a sacar por falta de oportunidades o porque nunca nos hemos investigado. Pero lo cierto es que es tan grato recordar lecturas, y todavía más grato es descubrir del otro lado de otra pantalla: otras personas que leyeron las mismas cosas, otras personas que sensibles como nosotros se enternecieron con los mismos textos. Entonces la lectura deja de ser ese acto íntimo y solitario para convertirse en un acto compartido y también, solidario.
Pero no sólo teníamos que recordar las lecturas previas, teníamos que enfrentar nuevas y de paso, aprender a usar Internet con mayor precisión, aprender cuánto nos falta todavía para que esta herramienta sea nuestra ventana continua a la lectura, desestructurar conceptos y avanzar, con la tecnología, siempre buscando nuevas lecturas.
Y fueron cuadros y fueron fotos, fueron páginas Web y blog y más...leímos, leímos y de prontos nos sentíamos desbordadas: es que todos queríamos contar lo que nos pasaba con las lecturas. Los foros eran desbordantes y los tutores, entusiasmados con el entusiasmo, nos daban más material de lectura.
De pronto era la voz increíble de Galeano, de pronto era una página de literatura para niños y sus links, de pronto estábamo evaluando una página, de pronto saltábamos a formularnos preguntas para ver qué proyectos haríamos en torno al uso de las TIC y la lectura.
Navegamos los mares de la fantasía y también, del conocimiento: cómo no nos íbamos a sentir hermanados y algo tristes al separarnos?. Cómo no sentir un poco de pena por no leer los mensajes de la compañera que nos ayudaba en la tarea o de la otra que compartía mis pensamientos describiendo un cuadro? Pero por sobre todo: como querer separarnos si un poquito de nosotros iba quedando enredado en palabras?
Es que cuando se convoca a la lectura...algo sucede. Y la Red puede formar este tipo de vínculos: comunidades en tiempo real y espacios....lejanos o no tanto. Entonces si convocamos la lectura e Internet en un sólo curso, y si los docentes tutores son tan entusiastas como los que nos inscribimos surgen amistades entrañables aún sin vernos la cara. Surgen recuerdos de palabras escritas, lecciones compartidas en el mismo tono de sensibilidad, surgen millones de mensajes de compañeros que tal vez, nunca veremos pero es como si sí...
A mí me gusta hacer cursos por este medio pues no tengo posibilidad de viajar mucho, pero cuando un curso convoca a la energía interior e íntima que mueve la lectura: suelen quedar muchas cosas para recordar y muchas otras para retornar a algún punto de encuentro.
Les dejo una imagen de alguien que lee hasta en el agua: así me sentía a veces, leyendo hasta donde no debía para no perderme el foro o las exposiciones que nos daban los " profes".

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Enrique Medina