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domingo, 5 de abril de 2009

Otoño y después.



Otoño y después.



Gira el pensamiento con nubarrones de grises.
Te nombro pero no es tu nombre,
me agito a llamarte pero no lo hago.
Allá, un pájaro dice su trino, es otoño
las hojas andan esquivando los pasos
y los fuegos de las vecinas prolijas.
Me cubro con sensaciones
ocres y amarillas, me nublan
esqueléticas ramas, me agitan,
vientos azulinos me mecen y
el sol que no se enfría aún y
tu recuerdo que no olvido y
el amor, que persiste.

La brisa de la tarde se detiene
en cada esquina donde nadie la mira.
Un silencio nuevo trae tus pasos hasta mi puerta
y tu voz hasta mi ventana.
Ya no seré yo.
Ya no seré nadie.
Seré otoño y nadie notará mi brisa.
Me irá doliendo el cuerpo,
mientras siguen cayendo hojas en el calendario
y en las calles.
Y me irá doliendo el alma,
a la falta de tu abrazo, de tu beso
de tu inevitable deseo.

Es inútil la palabra olvido,
como son inútiles todas aquellas
que nos dijimos y eran
de fuegos y verdades.
Ahora es otoño, festejan las veredas,
se suicidan tiritantes las hojas
se alfombran los caminos,
se espeja el río con ocasos mustios
de rojos y los pájaros se alejan.
Tuvimos una primavera, la
llenamos de promesas e hijos
En noches de lunas serenas.
compartimos tanto amor y
tanta pasión que nos quedamos
sin timón en nuestro pequeño
sueño a velas.
Cuando ya nos creíamos eterno verano,
nos llegó el otoño y te pusiste
a morir sin dejarme despedir.




Malu.
Recuerdo para un 3 de junio de 1999.

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Puerta

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Enrique Medina