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viernes, 26 de junio de 2009

Chocolate: pasión de invierno.

Dice Eduardo Galeano que el cacao no necesita sol, porque lo tiene adentro. Más allá de la hermosa metáfora, hoy tengo ganas de un chocolate.
El frío amerita su sabor, y no hay nadie en este mundo que resista la tentación de su aroma. Afrodisíaco, dicen, tentador, augurador de sonrisas, y como expresa el famoso escritor inglés Roald Dalh, da una cosquilla que provoca enamoramientos.
Si no lo hubieran descubierto los conquistadores, ahora Europa no tendría Imperios chocolateros. Si su aroma y sabor no reconfortaran de una forma inusual, jamás se hubiera imaginado un título: Chocolate caliente para el alma.
Dos infusiones mágicas como el café y el chocolate están en la deuda pendiente de una humanidad que les debe, a las razas " inferiores" que habitaron estas tierras, su sabor, su color, su aroma, sus beneficios y sus, ¡oh!,ganancias netas.
Pude rastrar la historia de la industrias enriquecidas en beneficio de ambas infusiones pero prefiero este diàlogo conmigo y ustedes, debatiendo con nuestras pasiones y conciencias...¿ qué sería hoy de nuestras vidas si esos sabores no los hubieras conocido nunca?
Mágicos, deliciosos, inspiradores,se ganaron no sólo los paladares sino que se adueñaron hasta de ejemplificar un ritual de sobremesa, el café, o uno de los regalos más preciados, los bombones.
En el caso de estos últimos, es raro que mantengan su situal de Realeza...sobre todo porque no hay mujer que se resista ante una caja de bombones, y eso que tienen millones de calorías. Es increíble que el chocolate, en esta época donde las mujeres debemos pesarnos dos veces al día para ver si 500 gramos no nos seducen a la anorexia, que aún ahora, el chocolate, siga en vigencia plena.
Si será irresistible, si tendrá una historia de prestigio.
El otro, el café, no aporta calorías pero aporta mejorías en cuanto a andar de " plafón bajo", cansado o con sueño. Así que su sitio de honor en esta sociedad que nos desvela está asegurado.
Y ahora que deliré un poco, quiero convidarlo a beber uno u otro.

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Puerta

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Enrique Medina