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jueves, 18 de noviembre de 2010

RED SOCIAL REFLEXIONES

Antes de jubilarme, hice una lista de proyectos posibles para llevar a cabo después de esa-según algunos- traumática circunstancia de la vida. Uno de mis propósitos más firmes fue el de no quedarme sin hacer nada. Después de años de trabajo, en fábricas, en oficinas, en talleres, y por último -alrededor de treinta años- en docencia, no podía,-al menos así lo sentía- quedarme de brazos cruzados. Por lo tanto, tomé cursos en línea tendientes a “desasnarme” en aspectos tecnológicos. Si bien tengo computadora desde hace doce años, no me puedo considerar una “nativa digital”, por eso hago lo posible por aprender. Uno de los proyectos que tuve en mente, fue hacer un “álbum de fotos” documentando mis últimos veinte años de docencia en la misma institución internacional. Este proyecto se vio frustrado por circunstancias ajenas a mi voluntad, pero, a partir de uno de los últimos cursos en línea adquirí conocimientos suficientes- y sobre todo coraje- como para inscribirme en Facebook. En esta red social logré empezar a hacer esa especie de “foto-ensayo” que lleva el nombre de “Veinte años no es nada”.
En Facebook entré con cautela porque en el curso aprendí que no es necesario ni conveniente que se cuente con lujo de detalles todo. Ser parte de una red tiene sus ventajas y también sus inconvenientes. La famosa “web” –que en una de sus acepciones significa “telaraña”- tiene mucho de eso- porque es una especie de pantalla gigante que desde múltiples ángulos y circunstancias nos proyecta, a veces, en situaciones no deseadas. Recuerdo ahora, por ejemplo, el episodio de la entonces ministra del Interior, Daisy Tourné y su foto en la ducha. Al ponerla en Facebook su imagen del baño fue por demás polémica y desató las más ácidas críticas.

Ayer-siguiendo el consejo que Malu dio en este mismo blog el 15 de octubre- fui a ver la película “Red social” (The social Network) basada en el libro de Ben Mezrich: “Multimillonarios por accidente”. Se trata de una biografía no autorizada- al menos eso parece- del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, un muy joven programador que en pocos años se convirtió en multimillonario con este proyecto que comenzó siendo una red para conectarse los estudiantes de la célebre universidad de Harvard y que actualmente tiene ya la friolera de 500 millones de miembros y se ha traducido a 70 idiomas. A partir del año 2007 tenemos las versiones en francés, alemán y español lo que posibilitó que los que hablamos alguno de esos idiomas y poseemos conocimientos informáticos básicos, nos hayamos podido incorporar.


Si atendemos a los posibles significados de la palabra “web”, quizás también podamos entender la crítica que indudablemente encierra la película. “Web” tiene la acepción de “red”, por supuesto, pero también la de “telaraña” ( spider’s web) y la de “maraña”- en el posible sentido de “enredo”. Algo de eso tienen las redes sociales, pues al conectarnos por medio de alguna de ellas, ponemos en el ciberespacio-despreocupadamente en muchos casos- múltiples aspectos de nuestras vidas, y de alguna manera, a veces sin quererlo, nos desnudamos en público.
¿Por qué? Por la estupidez humana que nos lleva a conversar, y a contar, y a querer saber también vidas y milagros de los otros que están conectados. Ahí están nuestras fotos, nuestros recuerdos, nuestros temas predilectos, nuestras preocupaciones y las de nuestros “amigos” a través de esos contactos virtuales.
La película tiene esa dosis necesaria de enredos sobre la genialidad, sexo, dinero, traición, y la continua lucha que tienen los emprendedores.

Por supuesto, Mark Zuckerberg, el real, el creador, tiene su página en Facebook. Su frase de presentación es la siguiente:
“I’m trying to make the world a more open place by helping people connect and share”.

Algo así como:
“Estoy tratando de hacer del mundo un lugar más abierto, ayudando a la gente a conectarse y compartir”.
Demasiado hermoso quizás para que sea cierto. ¿O no? ¿Al conectarnos y recibir mensajes, estamos realmente fomentando la amistad y los valores de la empatía y de la solidaridad con los otros o es puro espejismo?
Quizás uno de los comentarios sobre el verdadero Zuckerberg sea –para mí- el que hizo Martin Varzavsky:
“¿Quién es Mark Zuckerberg? Es realmente el chico que aparece en la película: un emprendedor joven y obsesionado, al que nunca pillarán tomando drogas de fiesta como a Sean Parker porque no permite que nada le distraiga de Facebook. Zuckerberg es un analfabeto social, que, paradójicamente, nos ha dado la mejor plataforma social.”

La película,- como el creador de Facebook- también presenta sus pros y sus contras. Eso sí,-como dijo Malu- hay que verla. Indudablemente. También hay que aprender a usar las redes sociales como herramientas para comunicarse con la discreción y el cuidado que todo medio de comunicación-sea cual sea- requiere. ¡En eso estamos!



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Puerta

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Enrique Medina