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domingo, 22 de febrero de 2009

La lluvia.




Esta lluvia de hoy amenaza con quedarse eternamente. Llueve en forma incesante y no puedo apartar los ojos de la humedad resbaladiza que sacude mi ventana. Llueve en gotas enormes que golpean en el techo de zinc y más allá, el patio empapado deja huellas en los desniveles de las baldosas desparejas. Llueve y es como si fuera la primera vez, la humedad me gana el alma, los huesos y los sentidos. Llueve y siento nostalgia de no sé qué día, ni de qué hora. Supongo que fue un día que robé un beso bajo un paraguas, o quizá aquel otro, que corrimos una carrera mojándonos como adolescentes los pies en las cunetas llenas de agua sucia. La lluvia sigue mansa y me arrincono. Es domingo, llueve lento pero sin tregua. Habrá que seguir escarbando recuerdos y tejer con ellos el montículo de imágenes que me retornen a otras lluvias más líquidas de ilusiones, más transparentes de risas.
Llueve en domingo...habrá que dejar la humedad que penetre y me lave el alma.

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Puerta

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Enrique Medina