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miércoles, 19 de mayo de 2010

Una cita de Unamuno en la vereda de enfrente


La literatura aparece siempre en todos los lugares de mi vida, para proporcionarme un bien. Únicamente tengo que andar con los ojos atentos para que se acerque. Ahora, con mi nueva camarita digital me he convertido en un peligro, porque si ando “cámara en mano”, no se me escapa casi nada.
Como decía mi compañera bloguera, Don Mario escribió y dio una cosecha extraordinaria. No importa que tenga detractores. Tampoco importa quién es el periodista que deliberadamente cité sin nombre en mi intervención anterior. Nadie lo va a recordar como a Don Mario. Sin embargo, hay otros muchos escritores que no son tan frecuentados como Benedetti. Por ejemplo, éste cuya cita encontré de casualidad y que me invitó a hacer estas reflexiones.

Vivo desde hace quince años en un barrio que se puso de moda donde –lamentablemente- perdí junto con el trino de los pájaros, la paz del hogar. Cuando me mudé para Punta Carretas, en 1995, el Shopping apenas tenía un año, el barrio conservaba aún su color local. Ahora, está muy lejos de ser lo que fue. Las casas van siendo paulatinamente demolidas y en su lugar se alzan enormes edificaciones de hoteles y comercios de varios rubros. Es notorio que cada negocio, cada local, apuesta a lo suyo en la atracción de los turistas que-por el momento, al menos yo, no los veo acudir masivamente. Pero, las esperanzas se manifiestan de distintas maneras, por ejemplo en la frase de Unamuno que estamparon en esta vidriera:
“Solo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible”.
¡Cuántas ilusiones habrán albergado los que confiadamente persiguieron esta utopía!
No sé cuál habrá sido la motivación de ese “imposible” pero me inclino a pensar que fue el negocio repleto de compradores y la ilusión de una prosperidad que no llegó. El local está cerrado hace tiempo. La fotografía la saqué el 8 de abril de este año, cuando ya no había ninguna mercadería. Es posible hacer varias “lecturas” de la foto: el cartel de “cerrado”, otro de un horario que perdió vigencia, estanterías abandonadas en su interior, cajas vacías, una planta mustia, los inútiles carteles de las tarjetas de compra. Varias preguntas quedan flotando alrededor: ¿Qué fue lo que frustró ese emprendimiento? ¿La carestía del alquiler? ¿La mercadería que se ofreció durante meses inútilmente y que no satisfizo la posible demanda de compra?

Con la foto, -además de estas reflexiones que darían para mucho más-, logré un efecto extraño- aparezco en el reflejo, con mi camarita digital, captando el mensaje de Unamuno. Atrás también “brillan” autos estacionados, una moto, otros comercios en la vereda de enfrente.
En fin, “el nuevo mundo” en el barrio que se fue, mientras tanto, yo sigo “ensayando lo absurdo”.

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Enrique Medina